Desarrollo de algunas premisas que no tienen otra justificación que la certeza
La semilla no es sino el fruto. Eso lo sabe el agricultor, hijo del domador de la papa y del maíz
Para los indicios de la decadencia y del progreso yo tengo un olfato más agudo que hombre alguno; en este punto soy maestro por excelencia, conozco ambas cosas, las soy yo mismo. Federico Nietzsche.
Inquieto en mi neurosis, la palabra y la tonada de mis vecinos disparan estos textos que no puedo resignarme a callar. Suben, más bien, como el vapor de un matecito, y alguien las ha definido como “veleidades de filósofo”. Cuando cierro la puerta de mi casa, Heidegger, Pessoa, Nietzsche y Kusch, entre otros amigos, se acercan a compartir unos mates. Como el alcohólico que definía al peyote como una buena curda, la charla filosófica es una subespecie pequeña de la charla en general. Son estas, pues, segundas líneas del mismo relato del Suelo. |